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Estereotomía de la Piedra
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( Enrique Rebasa)

Bóveda de medio punto recta     


En la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid se han iniciado actividades conducentes a la organización de un taller de cantería, una especie de seminario-laboratorio dedicado al trabajo manual sobre la piedra.


Son varias las vías que nos han llevado hasta esta idea, algunas de ellas casuales, como suele suceder; así, la atención creciente a la historia de la construcción, la reflexión sobre el dibujo como herramienta de trabajo, el interés por los oficios, entre otros.

Y creemos que también será variado el provecho que la enseñanza de la arquitectura pueda extraer de esta actividad. Se pensó de inmediato en  una colaboración con la industria de la piedra, pues la ayuda, especialmente material que ésta pueda proporcionar sería fundamental, y, pensamos, la ligazón con la universidad provechosa para la empresa.

Como indicábamos al principio, nuestro objeto es, en un primer momento, el trabajo manual, desaparecido hace tiempo -“afortunadamente- de la explotación de los recursos; 

absolutamente olvidado-“inevitablemente en la construcción y muy ausente incluso en los procesos de quienes se dedican a la escultura en piedra.

Nunca en la historia se ha empleado más la piedra en la construcción; ahora bajo la forma del habitual chapado -“problema vivo, en cuanto siguen apareciendo variantes tecnológicas para la disposición constructiva de forros de piedra con o sin ventilación-. Desapareció, sin embargo la complejidad de su uso en las viejas fábricas, es decir, la respuesta simultánea a las exigencias formales y estáticas de la arquitectura.

De alguna manera, la piedra como forro tiene también historia. No hace falta remitir a la chapa renacentista, especialmente italiana, o a la decoración romana superpuesta a la fábrica de ladrillo u hormigón.

El macizo del templo griego es generalmente homogéneo, pero la sección-tipo del muro, desde el medievo hasta el siglo XX, es el paramento exterior de sillería y el interior relleno con cascote y argamasa. En algunos lugares, sin embargo, la piedra tallada protagoniza la construcción de la forma. Arcos, capialzados, bóvedas, trompas o escaleras, sus variantes rectas u oblicuas y sus intersecciones, se despiezan en sillares de formas relativamente complejas, 

 

Bóveda de medio punto cónica truncada


pensados y diseñados -“gráficamente- para que coincidan en el aparejo. Tomás Vicente Tosca lo dijo así: “…con tal artificio, que la misma gravedad y peso que las habría de precipitar hacia tierra, las mantenga constantes en el aire, sustentándose las unas a las otras en virtud de la mutua complicación que las enlaza, con que cierran las Fábricas con toda seguridad y firmeza-.

 

Bóveda de medio punto cónica truncada


No se trata, naturalmente, de revivir el arte de la montea, la estereotomía de la piedra, muerta oficialmente en nuestra escuela en 1914, cuando desaparece como asignatura. Pero sí de aprovechar el estudio de algunos aspectos de esta vieja disciplina para comprender mejor la arquitectura antigua y para obtener provecho de la reflexión sobre las que llamamos estructuras de fábrica, que exigen una manera de pensar la arquitectura muy distinta a aquella a la que el acero y el hormigón armado nos ha acostumbrado.

El proceso de diseño que obliga a emplear lo gráfico, la traza, casi como un modelo físico -“la estática gráfica resuelve de manera idónea los problemas mecánicos de las fábricas y la traza estereotómica permite deducir la forma de los elementos y ofrece a la vez la imagen del aparejo-, el entendimiento cabal del equilibrio allí donde la ley es muy simple –sólo se admiten compresiones-, el acuerdo entre forma y construcción que nos obliga a buscar la solución adecuada y ridiculiza el capricho, son algunos de los aspectos formativos de esta forma de pensar la arquitectura.

Aunque nuestro comienzo debe ser modesto, probablemente no será difícil emprender pronto experiencias de este tipo, pues entre una maqueta grande y un aparejo pequeño no hay más diferencia que el trabajo de conformación de las piezas. De hecho ya tenemos experiencia en la realización de maquetas como éstas -“es decir, maquetas que no son iconos portadores de los valores exclusivamente plásticos, sino modelos experimentales-, en cambios de escala que son verdadera reproducción de la física de lo representado, puesto que, tratándose de estructuras de fábrica, lo que se sostiene en pequeño se sostiene también en grande.

Es nuestra intención atender con este servicio a diversas demandas. La organización de los nuevos planes de estudios permite una cierta elección de la linea curricular, y en ese sentido, una materia optativa dedicada a la talla podría resultar de gran interés a algunas líneas de especialización, y muy notablemente a la que ya se dedica a la restauración.

Quien haya visto cómo salta la esquirla precisa de piedra al golpear en el lugar adecuado con el escafilador, cómo se hace imprescindible la inteligencia geométrica para la mera conformación de complejos sillares, será capaz de entender el material y el trabajo.

Quien haya de colocar un tirante o un contrarresto para responder al empuje de un arco no olvidará la experiencia, y si además puede aflojar ese tirante hasta que la colaboración de las dovelas fracasa, entenderá muy bien el equilibrio que mantiene de pie a la construcción histórica. Tales acercamientos a la razón de ser de nuestras viejas arquitecturas serían, sin duda, de gran utilidad a los cursos que se dedican a formar arquitectos en la conservación del patrimonio.

Si hasta aquí hemos hablado de cantería dirigida a la construcción, no debiéramos dejar de mencionar las facetas más autónomas del trabajo sobre la piedra, la pura actividad mecánica con vistas a la consecución de un resultado formal. Sería quizá más breve decir simplemente escultura, pero ya entenderá el lector que no perseguimos tanto resultados plásticos como el conocimiento y la reflexión. Se trata de una actividad manual, guiada por un sistema de técnicas y reglas que es sencillo y claro, marcando así un terreno de juego idóneo para la toma de conciencia del resultado de la acción física, como, de forma parecida, lo es el ejercicio del dibujo.

El dibujo que soporta una reflexión en su propio proceso gráfico, antropológicamente entendido, se nos muestra como una relación dialéctica que liga pensamiento imaginario y manchas sobre el papel.

La intención es inmediatamente acción gráfica y la mancha producida excita nuevas reflexiones, de manera que el dibujo característico del arquitecto no es un ritual de rutinas técnicas conducente a un resultado sino un trabajo sobre la superficie, que aparece así como palimpsesto.

Cercano en el terreno escultórico sería el modelado en barro. De hecho, nos consta la presencia en los planes de estudios de la escuela de una asignatura denominada Modelado en barro, de la que ha quedado muy poca referencia concreta al contenido, pero que fue desarrollada desde 1896 por el arquitecto y escultor Arturo Mélida, y pervivió hasta el plan de 1933.

Sin perjuicio de que pudiera tener interés también en explorar esta técnica que permite la transformación libre de la materia, entendemos que la talla de la piedra, manera de la escultura que impone reglas al progreso del trabajo, está alejada del fácil efecto plástico y enlaza radicalmente la acción con su estrategia. Pues, además, incorpora al dibujo.

En efecto hay dos tipos de talla escultórica de la piedra. El más extendido en el siglo XIX, la reproducción de un modelo previo, generalmente en yeso, según el procedimiento llamado por puntos, que es el trabajo artesanal irreflexivo, incluso alienante, de copia por el establecimiento sucesivo de puntos sobre la piedra cuya posición se marca tanto en el modelo como en la copia con referencia a tres principales. No hace falta decir que los grandes escultores se ocupaban del modelado inicial en materia plástica y de los retoques finales, dejando al taller un trabajo carente de interés, que en nada hubiera perdido con la sustitución del hombre por la máquina. Manera de proceder diferente es la de la llamada talla directa, el trabajo sobre la piedra que avanza a la vez que la reflexión sobre la forma.

En este caso, como en el dibujo, el resultado de la acción sugiere nuevas imaginaciones; pero además es habitual, imprescindible, en la talla directa, avanzar marcando las referencias sobre la piedra antes de continuar con la sustracción, es decir, dibujando sobre la piedra.

Las facetas escultórica y constructiva de la talla de la piedra comparten herramientas y técnicas, y se han encontrado con frecuencia en un mismo objeto arquitectónico. Sin embargo, siempre han estado separadas. La destreza imaginera del tallista y la habilidad espacial del cantero constituían actividades profesionales diferentes e intervenían en momentos distintos de la construcción. Como regla general, con multitud de excepciones, las formas arquitectónicas definidas por la traza y por las plantillas, molduras y elementos de la composición, eran ejecutadas antes de la colocación, mientras que la figuración, difícil de definir en detalle previo y más dependiente de la habilidad personal, se realizaba in situ. Sin embargo, nuestro objetivo, el conocimiento y la reflexión sobre el trabajo de talla, puede muy bien enriquecerse con ambas actividades, la que busca el dominio geométrico de la pieza para la consecución de la forma concebida y la que exige la decisión en cada momento del avance.

Encontramos así ventajoso el condicionamiento que impone esta limitación a lo manual y al material pétreo. Sin embargo, no se nos oculta el interés de contemplar esta actividad universitaria como iniciativa en el terreno más general de la experiencia y la acción sobre la materia. Proyectar y hacer, reunidos en un mismo ámbito y aislados de las exigencias profesionales, pueden constituir una faceta de la formación del arquitecto de gran interés.

En este sentido, recordamos la iniciativa desarrollada en Francia en lo que llaman los Grands Ateliers, reunión organizada de escuelas de ingenieros y arquitectos con sede cerca de Grenoble, a donde acuden los estudiantes interesados para desarrollar proyectos constructivos de todo tipo, a modo de grandes maquetas o pequeños ensayos.
En un ámbito más modesto, es nuestra intención buscar toda la riqueza de la cooperación entre pensamiento y acción física, trabajando con un medio material noble y concreto.


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