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Estereotomía de la Piedra
Artifex - © 2003-6
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Enrique Rebasa) |

Bóveda de medio punto recta
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En
la Escuela Técnica Superior de Arquitectura
de Madrid se han iniciado actividades conducentes
a la organización de un taller de cantería,
una especie de seminario-laboratorio dedicado
al trabajo manual sobre la piedra.
Son varias las vías que nos han llevado hasta
esta idea, algunas de ellas casuales, como suele
suceder; así, la atención creciente a la historia
de la construcción, la reflexión sobre el dibujo
como herramienta de trabajo, el interés por
los oficios, entre otros.
Y creemos que también será variado
el provecho que la enseñanza de la arquitectura
pueda extraer de esta actividad. Se pensó de
inmediato en una colaboración con la industria
de la piedra, pues la ayuda, especialmente material
que ésta pueda proporcionar sería fundamental,
y, pensamos, la ligazón con la universidad provechosa
para la empresa.
Como indicábamos al principio, nuestro objeto
es, en un primer momento, el trabajo manual,
desaparecido hace tiempo -“afortunadamente-
de la explotación de los recursos; |
absolutamente
olvidado-“inevitablemente en la construcción y
muy ausente incluso en los procesos de quienes
se dedican a la escultura en piedra.
Nunca en la historia se ha empleado más la piedra
en la construcción; ahora bajo la forma del habitual
chapado -“problema vivo, en cuanto siguen apareciendo
variantes tecnológicas para la disposición constructiva
de forros de piedra con o sin ventilación-. Desapareció,
sin embargo la complejidad de su uso en las viejas
fábricas, es decir, la respuesta simultánea a
las exigencias formales y estáticas de la arquitectura.
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De
alguna manera, la piedra como forro tiene también
historia. No hace falta remitir a la chapa renacentista,
especialmente italiana, o a la decoración romana
superpuesta a la fábrica de ladrillo u hormigón.
El macizo del templo griego
es generalmente homogéneo, pero la sección-tipo
del muro, desde el medievo hasta el siglo XX,
es el paramento exterior de sillería y el interior
relleno con cascote y argamasa. En algunos lugares,
sin embargo, la piedra tallada protagoniza la
construcción de la forma. Arcos, capialzados,
bóvedas, trompas o escaleras, sus variantes
rectas u oblicuas y sus intersecciones, se despiezan
en sillares de formas relativamente complejas,
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Bóveda de medio punto cónica
truncada
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| pensados
y diseñados -“gráficamente- para que coincidan
en el aparejo. Tomás Vicente Tosca lo dijo así:
“…con tal artificio, que la misma gravedad
y peso que las habría de precipitar hacia tierra,
las mantenga constantes en el aire, sustentándose
las unas a las otras en virtud de la mutua complicación
que las enlaza, con que cierran las Fábricas con
toda seguridad y firmeza-. |
Bóveda de medio punto
cónica truncada
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No
se trata, naturalmente, de revivir el arte de
la montea, la estereotomía de la piedra, muerta
oficialmente en nuestra escuela en 1914, cuando
desaparece como asignatura. Pero sí de aprovechar
el estudio de algunos aspectos de esta vieja
disciplina para comprender mejor la arquitectura
antigua y para obtener provecho de la reflexión
sobre las que llamamos estructuras de fábrica,
que exigen una manera de pensar la arquitectura
muy distinta a aquella a la que el acero y el
hormigón armado nos ha acostumbrado.
El proceso de diseño que obliga
a emplear lo gráfico, la traza, casi como un
modelo físico -“la estática gráfica resuelve
de manera idónea los problemas mecánicos de
las fábricas y la traza estereotómica permite
deducir la forma de los elementos y ofrece a
la vez la imagen del aparejo-, el entendimiento
cabal del equilibrio allí donde la ley es muy
simple –sólo se admiten compresiones-, el
acuerdo entre forma y construcción que nos obliga
a buscar la solución adecuada y ridiculiza el
capricho, son algunos de los aspectos formativos
de esta forma de pensar la arquitectura.
Aunque nuestro comienzo debe
ser modesto, probablemente no será difícil emprender
pronto experiencias de este tipo, pues entre
una maqueta grande y un aparejo pequeño no hay
más diferencia que el trabajo de conformación
de las piezas. De hecho ya tenemos experiencia
en la realización de maquetas como éstas -“es
decir, maquetas que no son iconos portadores
de los valores exclusivamente plásticos, sino
modelos experimentales-, en cambios de escala
que son verdadera reproducción de la física
de lo representado, puesto que, tratándose de
estructuras de fábrica, lo que se sostiene en
pequeño se sostiene también en grande. |
Es
nuestra intención atender con este servicio
a diversas demandas. La organización de los
nuevos planes de estudios permite una cierta
elección de la linea curricular, y en ese sentido,
una materia optativa dedicada a la talla podría resultar de gran interés a
algunas líneas de especialización, y muy notablemente
a la que ya se dedica a la restauración.
Quien haya visto cómo salta
la esquirla precisa de piedra al golpear en
el lugar adecuado con el escafilador, cómo se
hace imprescindible la inteligencia geométrica
para la mera conformación de complejos sillares,
será capaz de entender el material y el trabajo.
Quien haya de colocar un tirante
o un contrarresto para responder al empuje de
un arco no olvidará la experiencia, y si además
puede aflojar ese tirante hasta que la colaboración
de las dovelas fracasa, entenderá muy bien el
equilibrio que mantiene de pie a la construcción
histórica. Tales acercamientos a la razón de
ser de nuestras viejas arquitecturas serían,
sin duda, de gran utilidad a los cursos que
se dedican a formar arquitectos en la conservación
del patrimonio. |
Si
hasta aquí hemos hablado de cantería dirigida
a la construcción, no debiéramos dejar de mencionar
las facetas más autónomas del trabajo sobre
la piedra, la pura actividad mecánica con vistas
a la consecución de un resultado formal. Sería
quizá más breve decir simplemente escultura,
pero ya entenderá el lector que no perseguimos
tanto resultados plásticos como el conocimiento
y la reflexión. Se trata de una actividad manual,
guiada por un sistema de técnicas y reglas que
es sencillo y claro, marcando así un terreno
de juego idóneo para la toma de conciencia del
resultado de la acción física, como, de forma
parecida, lo es el ejercicio del dibujo.
El dibujo que soporta una reflexión en su propio
proceso gráfico, antropológicamente entendido,
se nos muestra como una relación dialéctica
que liga pensamiento imaginario y manchas sobre
el papel.
La intención es inmediatamente acción
gráfica y la mancha producida excita nuevas
reflexiones, de manera que el dibujo característico
del arquitecto no es un ritual de rutinas técnicas
conducente a un resultado sino un trabajo sobre
la superficie, que aparece así como palimpsesto.
Cercano en el terreno escultórico
sería el modelado en barro. De hecho, nos consta
la presencia en los planes de estudios de la
escuela de una asignatura denominada Modelado
en barro, de la que ha quedado muy poca referencia
concreta al contenido, pero que fue desarrollada
desde 1896 por el arquitecto y escultor Arturo
Mélida, y pervivió hasta el plan de 1933.
Sin perjuicio de que pudiera
tener interés también en explorar esta técnica
que permite la transformación libre de la materia,
entendemos que la talla de la piedra, manera
de la escultura que impone reglas al progreso
del trabajo, está alejada del fácil efecto plástico
y enlaza radicalmente la acción con su estrategia.
Pues, además, incorpora al dibujo. |
En
efecto hay dos tipos de talla escultórica de
la piedra. El más extendido en el siglo XIX,
la reproducción de un modelo previo, generalmente
en yeso, según el procedimiento llamado por
puntos, que es el trabajo artesanal irreflexivo,
incluso alienante, de copia por el establecimiento
sucesivo de puntos sobre la piedra cuya posición
se marca tanto en el modelo como en la copia
con referencia a tres principales. No hace falta
decir que los grandes escultores se ocupaban
del modelado inicial en materia plástica y de
los retoques finales, dejando al taller un trabajo
carente de interés, que en nada hubiera perdido
con la sustitución del hombre por la máquina.
Manera de proceder diferente es la de la llamada
talla directa, el trabajo sobre la piedra que
avanza a la vez que la reflexión sobre la forma.
En este caso, como en el dibujo,
el resultado de la acción sugiere nuevas imaginaciones;
pero además es habitual, imprescindible, en
la talla directa, avanzar marcando las referencias
sobre la piedra antes de continuar con la sustracción,
es decir, dibujando sobre la piedra.

Las facetas escultórica y constructiva
de la talla de la piedra comparten herramientas
y técnicas, y se han encontrado con frecuencia
en un mismo objeto arquitectónico. Sin embargo,
siempre han estado separadas. La destreza imaginera
del tallista y la habilidad espacial del cantero
constituían actividades profesionales diferentes
e intervenían en momentos distintos de la construcción.
Como regla general, con multitud de excepciones,
las formas arquitectónicas definidas por la
traza y por las plantillas, molduras y elementos
de la composición, eran ejecutadas antes de
la colocación, mientras que la figuración, difícil
de definir en detalle previo y más dependiente
de la habilidad personal, se realizaba in situ.
Sin embargo, nuestro objetivo, el conocimiento
y la reflexión sobre el trabajo de talla, puede
muy bien enriquecerse con ambas actividades,
la que busca el dominio geométrico de la pieza
para la consecución de la forma concebida y
la que exige la decisión en cada momento del
avance.
Encontramos así ventajoso el condicionamiento
que impone esta limitación a lo manual y al
material pétreo. Sin embargo, no se nos oculta
el interés de contemplar esta actividad universitaria
como iniciativa en el terreno más general de
la experiencia y la acción sobre la materia.
Proyectar y hacer, reunidos en un mismo ámbito
y aislados de las exigencias profesionales,
pueden constituir una faceta de la formación
del arquitecto de gran interés.
En este sentido, recordamos
la iniciativa desarrollada en Francia en lo
que llaman los Grands Ateliers, reunión organizada
de escuelas de ingenieros y arquitectos con
sede cerca de Grenoble, a donde acuden los estudiantes
interesados para desarrollar proyectos constructivos
de todo tipo, a modo de grandes maquetas o pequeños
ensayos.
En un ámbito más modesto, es nuestra intención
buscar toda la riqueza de la cooperación entre
pensamiento y acción física, trabajando con
un medio material noble y concreto.
Ver artículo
sobre Enrique Rebasa
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