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CXLVII. Del color de la sombra de qualquier cuerpo
Nunca será propio ni verdadero el color de la
sombra de qualquier cuerpo, si el obgeto que le obscurece
no tiene el mismo color que el cuerpo á quien
obscurece. Por exemplo: si en una pieza, cuyas paredes
sean verdes se pone un obgeto azul, entonces la parte
iluminada de éste tendrá un bellísimo
color azul, y la parte obscura será de un color
desagradable, y no como debria ser la sombra de un azul
tan bello; porque se altera la reverberacion del, verde
que hiere en él: y si las paredes fuesen de un
amarillo anteado, seria mucho peor.
CXLVIII. De la perspectiva de los colores en lugares
obscuros
En los lugares claros, y lo mismo en aquellos cuya
claridad se disminuya uniformemente hasta quedar obscuros,
quanto mas apartado de la vista esté un color,
estará mas obscuro.
CXLIX. Perspectiva de los colores
Los primeros colores deben ser simples, y los grados
de su diminucion deben convenir con los de las distancias:
esto es, que el tamaño de las cosas participará
mas de la naturaleza del punto, quanto mas próximas
estén á él; y los colores participarán
tanto mas del color de su orizonte, quanto mas cercanos
se hallen
CL. De los colores
El color que se halla entre la luz y la sombra y de
un cuerpo no debe tener tanta belleza como la parte
iluminada; por lo que la mayor hermosura del color debe
hallarse en los principales claros.
CLI. En qué consiste el color azul del ayre
El color azul del ayre se origina de aquella parte
de su crasicie que se halla iluminada y colocada entre
las tinieblas superiores y la tierra. El ayre por si
no tiene qualidad alguna de olor, color ó sabor;
pero recibe la semejanza de todas las cosas que se ponen
detras de él: y tanto mas bello será el
azul que demuestre, quanto mas obscuras sean las cosas
que tenga detras, con tal que no haya. ni un espacio
demasiado grande, ni demasiadamente húmedo: y
asi se ve en los montes mas sombríos que á
larga distancia parecen mas azules, y los que son mas
claros, manifiestan mejor su color verdadero que no
el azul de que los viste el ayre interpuesto.
CLII. De los colores
Entre los colores que no son azules, puestos. á
larga distancia, aquel participará mas del azul
que sea mas próximo al negro; y al contrario,
el que mas opuesto sea á éste conservará
su color propio á mayor distancía. Esto
supuesto, el verde del campo se transmutará mas
en azul que no el amarillo ó blanco; y al contrario,
estos mudarán menos que el verde y el encarnado.
CLIII. De los colores
Los colores colocados á la sombra tendrán
mas ó menos de su natural belleza respecto de
la mayor ó menor obscuridad en que se hallen.
Pero en estando en parage iluminado, entonces manifestarán
tanta mas hermosura, quanta mayor sea la claridad que
les rodée. O al contrario, se dirá tantas
son las variedades de los colores de las sombras, quantas
son las variedades de los colores que tienen las cosas
obscurecidas. Y yo digo que los colores puestos á
la sombra manifestarán en si tanta menos variedad,
quanto mas obscura sea la sombra en que se hallen, como
se advierte en mirando desde una plaza las puertas de
un Templo algo obscuro, en los quales las pinturas vestidas
de varios colores parecen del todo obscurecidas.
CLIV. De los campos de las figuras pintadas
El campo sobre que está pintada qualquiera figura
debe ser mas obscuro que la parte iluminada de ella,
y mas claro que su sombra.
CLV Por qué no es color el blanco
El blanco en sí no es color, mas está
en potencia de recibir qualquier color. Quando se halla
en campo abierto todas sus sombras son azules; y esto
es en razon de la proposicion quarta que dice: la superficie
de todo cuerpo opaco participa del color de su obgeto.
Y como se halle el blanco privado dc la luz del sol
por la interposicion de algun obgeto, queda toda aquella
parte que está de cara al sol y al ayre bañada
del color de éste y de aquel; y la otra que no
la ve el sol queda obscurecida y bañada del color
del ayre. Y si éste blanco no viese el verde
del campo hasta el orizonte, ni la blancura de éste,
sin duda aparecerá á nuestra vista con
el mismo color del ayre.
CLVI. De los colores
La luz del fuego tiñe todas las cosas de color
amarillo; pero esto no se nota sino comparándolas
con las que están iluminadas por la luz del ayre.
Este parangon se podrá verificar al ponerse el
sol, y despues de la aurora en una pieza obscura, en
donde reciba un obgeto por alguna abertura la luz del
ayre, y por otra la de una candela, y entonces se verá
con certeza la diferencia de ambos colores. Sin éste
cotejo nunca se conocerá ésta diferencia
sino en los colores que tienen mas semejanza, aunque
se distinguen, como el blanco del amarillo, el verde
claro del azul; porque como la luz que ilumina al azul
tiene mucho de amarillo, viene á ser lo mismo
que mezclar azul y amarillo, de lo que resulta el verde
y si despues se mezcla con mas amarillo, queda mas bello
el verde.
CLVII. Del color de la luz incidente, y de la reflexa
Quando dos luces cogen en medio un cuerpo umbroso,
no se pueden variar sino de dos modos; esto es, ó
serán de igual potencia ó serán
desiguales entre sí. Si son iguales, se podrán
variar de otros dos modos segun el resplandor que arrojen
al obgeto, que será igual ó desigual:
será igual, quando estén á iguales
distancias, y desigual, quando se hallen en desigual
distancia. Estando á iguales distancias se variarán
de otros dos modos; esto es, el obgeto situado á
igual distancia entre dos luces iguales en color y resplandor,
puede ser iluminado de ellas de dos modos, ó
igualmente por todas partes, ó desigualmente:
será iluminado igualmente por ellas, quando el
espacio que haya al rededor de ambas luces sea de igual
color, obscuridad o claridad; y desigualmente, quando
el dicho espacio varíe en obscuridad.
CLVIII. De los colores de la sombra
Muchas veces sucede que la sombra de un cuerpo umbroso
no es compañera del color de la luz, siendo aquella
verdosa, quando ésta parece roxa, y sin embargo
el cuerpo es de color igual. Esto sucederá quando
viene la luz de oriente; pues entonces ilumina al obgeto
con su propio resplandor, y al occidente se verá
otro obgeto iluminado con la misma luz, y parecerá
de distinto color que el primero; porque los rayos reflejos
resaltan ácia levante, y hieren al primer obgeto
que está enfrente, y reflexándose en él,
quedan impresos con su color y resplandor. Yo he visto
muchas veces en un obgeto blanco las luces roxas, y
las sombras azules, como en una montaña de nieve,
quando está el sol para ponerse, y se manifiesta
encendido y roxo. Figura XIII.
CLIX. De las cosas puestas de luz abierta; y por qué
es util éste uso en la Pintura
Quando un cuerpo umbroso insiste sobre campo de color
claro é iluminado, precisamente parecerá
apartado y remoto del campo: esto sucede porque los
cuerpos cuya superficie es curva, quedan con sombra
necesariamente en la parte opuesta á la que recibe
la luz, porque por alli no alcanzan los rayos luminosos;
y por esto hay mucha diferencia respecto al campo: y
la parte iluminada del dicho cuerpo no terminará
en el campo iluminado con la misma claridad, sino que
entre éste y la luz principal del cuerpo habrá
una parte que será roas obscura que el campo,
y que su luz principal respectivamente. Figura XIV.
CLX. De los campos
En los campos de las figuras, quando una de estas insiste
sobre campo obscuro, y la obscura en campo claro, poniendo
lo blanco junto á lo negro, y lo negro junto
á lo blanco, quedan ambas cosas con mucha mayor
fuerza; pues un contrario con otro resalta mucho mas.
CLXI. De las tintas que resultan de la mezcla de otros
colores, y se llaman especies segundas
Entre los colores simples el primero es el blanco,
aunque los Filósofos no admiten al negro y al
blanco en la clase de colores; porque el uno es causa
de colores y el otro privacion de ellos. Pero como el
Pintor necesita absolutamente de ambos, los pondrémos
en el número de los colores, y segun esto dirémos
que el blanco es el primero de los colores simples el
ámarillo el segundo, el verde el tercero, el
azul el quarto, el roxo el quinto, y el negro el sexto.
El blanco lo ponemos en vez de la luz, sin la qual no
puede verse ningun color: el amarillo para la tierra:
el verde para el agua: el azul para el ayre: el roxo
para el fuego; y el negro para las tinieblas que están
sobre el elemento del fuego; porque en él no
hay materia ni crasicie en donde puedan herir los rayos
solares, y por consiguiente iluminar. Si se quiere ver
brevemente la variedad de todos los colores compuestos,
tómense algunos vidrios dados de color,
y mírese por ellos el campo y otras cosas, y
se advertirá como todos los colores de lo mirado
por ellos estarán mezclados con el del vidrio,
y se notará la tinta que resulta de la tal mezcla,
o quál de ellos se pierde del todo. Si el vidrio
fuese amarillo, podrán mejorarse o empeorarse
los colores que por él pasen á la vista;
se empeorarán el azul y el negro, y mucho mas
el blanco; y se mejorarán el amarillo y verde
sobre todos los demas; y de éste modo se recorrerán
todas las mezclas de colores que son infinitas, y se
podrán inventar y elegir nuevos colores mixtos
y compuestos, poniendo dos vidrios de dos diferentes
colores uno detras de otro para poder adelantar por
si.
CLXII. De los colores
El azul y el verde no son en rigor colores simples;
porque el primero se compone de luz y de tinieblas,
como el azul del ayre que se compone de un negro perfectísimo,
y de un blanco clarísimo; y el segundo se compone
de un simple y un compuesto, que es el azul y el amarillo.
Las cosas transparentes participan del color del cuerpo
que en ellas se transparenta; pues un espejo se tíene
en paree del color de la cosa que representa, y tanto
mas participa el uno del otro, quanto mas ó menos
fuerte es la cosa representada respecto del color del
espejo; y la cosa que mas participe del color de éste,
se representará en él con mucha mayor
fuerza.
Entre los colores de los cuerpos el que tenga mas blancura,
se verá desde mas lexos, y el mas obscuro por
consiguiente se perderá á menor distancia.
Entre dos cuerpos de igual blancura, y á igual
distancia de la vista, el que esté rodeado de
mas obscuridad parecerá mas claro; y al contrario
la obscuridad que esté al lado de la mayor blancura
parecerá mas tenebrosa.
Entre los colores de igual belleza parecerá
mas vivo el que se mire al lado de su opuesto, como
lo pálido con lo sonrosado, lo negro con lo blanco,
lo azul con lo amarillo, lo verde con lo roxo, aunque
ninguno de estos sea color verdadero; porque todas las
cosas se conocen mejor al lado de sus contrarias, como
lo obscuro en lo claro, lo claro en lo obscuro.
Qualquiera cosa vista entre ayre obscuro y turbulento
parecerá mayor de lo que es; porque, como ya
se ha dicho, las cosas claras se aumentan en el campo
obscuro por las razones que se han apuntado (9).
El intervalo que media entre la vista y el obgeto lo
transmuta á éste, y lo viste de su color,
como el azul del ayre tiñe de azul á las
montañas lexanas; el v¡drio roxo hace que
parezcan roxos los obgetos que se miren por él;
y el resplandor que arrojan las estrellas á su
contorno está ocupado tambien por la obscuridad
de la noche, que se interpone entre la vista y su luz.
El verdadero color de qualquier cuerpo solo se notará
en aquella parte que no esté ocupada de ninguna
qualidad de sombra ni de brillantez, si es cuerpo lustroso.
Quando el blanco termina en el negro parecerán
los términos de aquel mucho mas claros, y los
de éste mucho mas obscuros.
CLXIII. Del color de las montañas
Quanto mas obscura sea en si una montaña, tanto
mas azul parecerá á la vista; y la que
mas alta esté, y mas llena de troncós
y ramas será mas obscura; porque la multitud
de matas y arbustos cubre la tierra de modo que no puede
penetrar la luz; y ademas las plantas rústicas
son de color mas obscuro que las cultivadas. Las encinas,
hayas, abetos, cipreses y pinos son mucho mas obscuros
que los olivos y demas árboles de jardin. La
parte de luz que se interpone entre la vista y lo negro
de la cima, compondrá con él un azul mas
bello, y al contrario. Quanto mas semejante sea el color
del campo en que insiste una planta al de ésta,
tanto menos parecerá que sale fuera, y al contrario:
y la parte blanca que confine con parte negra parecerá
mucho mas clara, y del mismo modo se manifestará
mas obscura la que mas remota esté de un parage
negro; y al contrario.
CLXIV. El Pintor debe poner en practica la Perspectiva
de los colores
Para ver cómo las cosas puestas en Perspectiva
varian, pierden ó disminuyen en quanto á
la esencia del color, se pondrán en el campo
de cien en cien brazas varios obgetos como árboles,
casas, hombres &c.
Colocaráse un cristal de modo que se mantenga
firme, y teniendo la vista fixa sobre él, se
dibuxará un arbol siguiendo los contornos que
señala el primer arbol luego se irá apartando
el cristal hasta que el arbol natural quede al lado
del dibuxado: á éste se le dará
el colorido correspondiente, siguiendo siempre lo que
ofrece el natural, de modo que cerrando el un ojo parezca
que ambos árboles están pintados, y á
una misma distancia. Hágase lo mismo con el segundo
arbol, baxo estos mismos principios, y tambien con el
tercero de cien en cien brazas; y esto servirá
de mucho auxilio y direccion al Pintor poniéndolo
en práctica siempre que le ocurra, para que quede
la obra con division sensible en sus términos.
Segun ésta regla hallo que el segundo arbol disminuye
respecto al primero de la altura de éste, estando
ambos á la distancia de veinte brazas.
CLXV. De la Perspectiva aerea
Hay otra Perspectiva que se llama aerea, pues por la
variedad del ayre se pueden conocer las diversas distancias
de varios edificios, terminados en su principio por
una sola linea; como por exemplo: quando se ven muchos
edificios á la otra parte de un muro, de modo
que todos se manifiestan sobre la extremidad de éste
de una misma magnitud, y se quiere representarlos en
una pintura con distancia de uno á otro. El ayre
se debe fingir un poco grueso; y ya se sabe que de éste
modo las cosas que se ven en el último término,
como son las montañas, respecto á la gran
cantidad de ayre que se interpone entre ellas y la vista,
parecen azules y casi del mismo color que aquel, quando
el sol está aún en el Oriente. Esto supuesto,
se debe pintar el primer edificio con su tinta particular
y propia sobre el muro; el que esté mas remoto
debe ir menos perfilado y algo azulado; el que haya
de verse mas allá se hará con mas azul,
y al que deba estar cinco veces mas apartado, se le
dará una tinta cinco veces mas azul; y de ésta
manera se conseguirá que todos los edificios
pintados sobre una misma linea parecerán de igual
tamaño, y se conocerá distintamente quál
está mas distante, y quál es mayor.
CLXVI. De varios accidentes y movimientos del hombre;
y de la proporcion de sus miembros
Las medidas del hombre en cada uno de sus miembros
varian mucho, ya plegándose estos mas ó
menos, o de diferentes maneras, y ya disminuyendo ó
creciendo mas o menos de una parte, segun crecen á
disminuyen del lado opuesto.
CLXVII. De las mutaciones que padecen las medidas del
hombre desde que nace hasta que acaba de crecer
El hombre quando niño tiene la anchura de la
espalda igual á la longitud del rostro , y á
la del ombro al codo, doblado el brazo: igual á
ésta es la distancia desde el pulgar al codo,
y la que hay desde el pubis á la rótula
ó choquezuela, y desde ésta. á
la articulacion del pie. Pero quando ya ha llegado á
la perfecta estatura, todas estas distancias doblan
su longitud excepto el rostro, el qual junto con lo
demas de la cabeza no padece tanta alteracion: en cuya
suposicion el hombre quando ha acabado de crecer, si
es bien proporcionado, tendrá en su altura diez
longitudes de su rostro, la anchura de su espalda será
de dos de estas longitudes, y lo mismo todas las demas
partes mencionadas. Lo demas se dirá en la medida
universal del hombre.
CLXVIII. Los niños tienen las coyunturas al
contrario que los adultos, respecto de la grosura
Los niños tienen todas las coyunturas muy sutiles,
y espacio que hay entre una y otra carnoso: esto consiste
en que la cutis que cubre la coyuntura está sola,
sin ligamento alguno de los que cubren y ligan á
un mismo tiempo el hueso; y la pingúedo ó
gordura se halla entre una y otra articulacion, inclusa
en medio del hueso y de la cutis: pero como el hueso
es mucho mas grueso en la articulacion que en lo restante,
al paso que va creciendo el hombre, va dexando aquella
superfluidad que habia entre la piel y el hueso, y por
consiguiente aquella se une mas á éste,
y quedan mas delgados los miembros. Pero en las articulaciones
como no hay mas que el cartílago y los nervios,
no pueden desecarse ni menos disminuirse. Por lo qual
los niños tienen las coyunturas sutiles y los
miembros gruesos, como se ve en las articulaciones de
los dedos y brazos, y la espalda sutil y cóncava:
al contrario el adulto, que tiene las articulaciones
gruesas en las piernas y brazos, y donde los niños
tienen elevacion, él disminuye (10).
CLXIX. De la diferencia de proporcion que hay entre
el hombre y el niño
Entre los hombres y los niños hay gran diferencia
en quanto á la distancia desde una coyuntura
á otra, pues el hombre desde la articulacion
del ombro hasta el codo, desde éste al extremo
del dedo pulgar, y desde el un ombro al otro tiene la
longitud de dos cabezas, y el nulo solo una; porque
la naturaleza compone la habitacion del entendimiento
antes que la de los espíritus vitales.
CLXX. De las articulaciones de tos dedos
Los dedos de la mano tienen sus coyunturas gruesas
por todas partes quando se doblan, y quanto mas doblados
estén, mas se engruesan estas; y al contrario,
conforme se van extendiendo, se disminuye el grueso
de las articulaciones: Lo mismo sucede en los dedos
del pie, y admiten mas o menos variacion segun lo carnosos
que sean.
CLXXI. De la articulacion del ombro y su incremento
La articulacion del ombro y de los otros miembros que
se doblan se demostrará en el tratado de la Anatomía,
en donde se dará la razon y causa de los movimientos
de todas las partes que componen el hombre (11).
CLXXII. De los ombros
Los movimientos simples y principales que hace el ombro
son quando el brazo correspondiente se levanta, se baxa
o se echa atras. Pudiérase decir con razon que
estos movimientos eran infinitos; porque poniendo áun
hombre con la espalda arrimada á la pared, y
señalando en ella con el brazo un circulo, entonces
hará todos los movimientos de que es capaz el
ombro y siendo toda quantidad continua divisible hasta
el infinito; como el circulo es quantidad continua,
y está producido por el movimiento del brazo,
éste movimiento no produciria quantidad continua,
si no conduxese á la linea la misma continuacion.
Luego habiendo caminado por todas las partes del círculo
el movimiento del brazo, y siendo aquel divisible hasta
el infinito, serán tambien infinitos los movimientos
y variedades del ornbro.
CLXXIII. De las medidas universales del cuerpo
Las medidas universales del cuerpo se han de tomar
por lo largo, no por lo grueso; porque la cosa mas marabillosa
y laudable de las obras de la naturaleza consiste en
que jamas se parece exáctamente una persona
á otra. Por tanto el Pintor, que es imitador
de la naturaleza, debe observar y mirar la variedad
de contornos y lineamentos. Está bien que huya
de lo monstruoso, como la excesiva longitud de una pierna,
lo corto de un cuerpo, lo encogido del pecho o lo largo
de un brazo; pero notando la distancia de las articulaciones
y los gruesos, que es en donde mas varia la naturaleza,
logrará imitar tambien su variedad.
CLXXIV. De la medida del cuerpo humano, y dobleces
de los miembros
La necesidad le obliga al Pintor á que tenga
noticia de los huesos que forman la estructura humana,
principalmente de la carne que los cubre, y de las articulaciones
que se dilatan ó contraen en sus movimientos;
por cuya razon, midiendo el brazo extendido, dá
diferente proporcion de la que se encuentra estando
doblado. El brazo crece y disminuye entre su total extension
y encogimiento la octava parte de su longitud. Este
incremento y contraccion del brazo proviene del hueso
que sale fuera de la articulacion del codo, el, qual
como se ve en la figura C A B, hace largo desde la espaldilla
ú ombro hasta el codo, quando el ángulo
de éste es menos que recto, y tanto mas se aumenta
ésta longitud, quanto mas disminuye el ángulo;
y al contrario, se vá contrayendo, conforme se
abre. Lámina II.
CLXXV. De la proporcion respectiva de los miembros
Todas las partes de qualquier animal deben ser correspondientes
al todo: de modo que el que en sí es corto y
grueso, debe tener codos los miembros cortos y gruesos;
y el que sea largo y delgado, debe tenerlos por consiguiente
largos y delgados; como tambien el que sea un medio
entre estos dos extremos, habrá de conservar
la misma medianía. Lo mismo se debe entender
de las plantas, quando no estén estropeadas por
el hombre ó por el viento; porque de otro modo
era juntar la juventud con la vejez, con lo qual quedaba
viciada la proporcion natural.
CLXXVI. De la articulacion de la mano con el brazo
La articulacion de la mano con el brazo disminuye un
poco su grueso al cerrar el puño, y se engruesa
quando se abre aquella: lo contrario sucede al antebrazo
en toda su extension; y esto proviene de que al abrir
la mano se extienden los músculos domesticos,
y adelgazan el antebrazo; y al cerrar el puño,
se hinchan y engruesan los domesticos y silvestres;
pero estos solo se apartan del hueso, porque los tira
la accion de doblar la mano (12).
CLXXVII. De la articulacion del pie su aumento y diminucion
La disrninucion y aumento de la articulacion del pie
resulta en la parte llamada tarso ó empeyne,
la qual se engruesa quando se forma ángulo agudo
con el pie y la pierna; y se adelgaza conforme se va
abriendo. Vease O P. Lámina II.
CLXXVIII. De los miembros que disminuyen al doblarse,
y crecen al extenderse
Entre los miembros que tienen articulacion para doblarse
solo la rodilla es la que se disminuye al doblarse,
y se engruesa al extenderse.
CLXXIX. De los miembros que engruesan en la articulación
al doblarse
Todos los miembros del hombre engruesan al doblarse
en su articulacion, excepto la rodilla.
CLXXX. De los miembros del desnudo
Los miembros de un hombre desnudo fatigado en diversas
acciones, deben descubrir los músculos de aquel
lado por donde estos dan movimiento al miembro que está
en accion y los demas deben representarse mas o menos
señalados, segun la mas ó menos violenta
accion en que estén.
CLXXXI. Del movimiento potente de los miembros del
hombre
Aquí brazo tendrá mas poderoso y largo
movimiento que estando apartado de su sitio natural,
experimente mayor adherencia ó fuerza de los
otros miembros por retraerle al parage ácia donde
desea moverse. Como la figura A que mueve el brazo con
el dardo E, y lo arroja á sitio contrario, moviéndose
con todo el cuerpo ácia B. Lámina III.
CLXXXII. Del movimiento del hombre
La parte principal y sublime del arte es la investigacion
de las cosas que componen qualquiera otra; y la segunda,
que trata de los movimientos, estriva en que tengan
conexaon con sus operaciones estas se deben hacer con
prontitud, segun la naturaleza de quien las executa,
ya solicito, ó ya tardío y perezoso; y
la prontitud en la ferocidad ha de ser correspondiente
en todo á la qualidad que debe tener quien la
executa. Por exemplo: quando se ha de representar un
hombre arrojando un dardo, una piedra ó cosa
semejante, debe manifestar la figura la total disposicion
que tiene para tal accion, como se ve en estas figuras,
diversas entre sí, respecto á su accion
y potencia. La primera A representa la fuerza ó
potencia; la segunda B el movimiento: pero la B arrojará
á mas distancia lo que tire que la A; porque
aunque ambas demuestran que quieren arrojar el peso
que tienen ácia una misma parte, la B, teniendo
vueltos los pies ácia dicho parage, quando, torciendo
el cuerpo, se mueve á la parte opuesta a aquella
ácia donde dispone su fuerza y potencia, vuelve
luego con velocidad y comodidad al mismo puesto. y desde
alli arroja de la mano el peso que tiene. Y en el mismo
caso la figura A, como tiene las puntas de los pies
ácia parage contrario á aquel á
donde vá á arrojar el peso, se vuelve
á él con grande incomodidad, y por consiguiente
el efecto es muy débil, y el movimiento participa
de su causa; porque la disposicion de la fuerza en todo
movimiento debe ser torciendo el cuerpo con violencia
y volviéndolo al sitio natural con comodidad,
para que de éste modo tenga la operacion buen
efecto. Porque la ballesta que no tiene disposicion
violenta, el movimiento de la flecha que arroje será
breve ó ninguno; pues donde no se deshace la
violencia, no hay movimiento, y donde no hay violencia,
mal puede destruirse y asi el arco que no tiene violencia,
no puede producir movimiento, ámenos que no la
adquiera, y para adquirirla tendrá variacion.
Sentado esto, el hombre que no se tuerce y vuelve, no
puede adquirir potencia; y asi quando la figura A haya
arrojado el dardo, advertirá que su tiro ha sido
corto y floxo para el punto ácia donde le dirigia,
y que la fuerza que hizo solo aprovechaba para un sitio
contrario. Lámina III.
CLXXXIII. De las actitudes y movimientos, y sus miembros
En una misma figura no se deben repetir unos mismos
movimientos, ya en sus miembros, ya en sus manos o dedos;
ni tampoco en una misma historia se deben duplicar las
actitudes de las figuras. Y si la historia fuese demasiadamente
grande, como una bátalla, en cuyo caso solo hay
tres modos de herir, que son estocada, tajo y rebés;
entonces es forzoso poner cuidado en que todos los tajos
se representen en varios puntos de vista, como por la
espalda, por el costado ó por delante; y lo mismo
en los otros dos modos, y en todas las demas actitudes
que participen de una de estas. En las batallas tienen
mucha viveza y artificio los movimientos compuestos,
como quando una misma figura se ve con las piernas ácia
adelante, y el cuerpo de perfil. Pero de esto se hablará
en otro lugar.
CLXXXIV. De las articulaciones de los miembros
En las articulaciones de los miembros y variedad de
sus dobleces es de advertir que quando por un lado crece
la carne, falta por el otro; lo qual se puede notar
en el cuello de los animales, cuyo movimiento es de
tres modos diferentes: dos de ellos simples, y uno compuesto
que participa de ambos. El uno de los movimientos simples,
es quando se une á la espalda, o quando baxa
ó sube la cabeza. El segundo es quando se vuelve
ácia la derecha ó izquierda, sin encorvarse,
antes bien manteniéndole derecho, y la cabeza
vuelta a un lado de la espalda. El tercer movimiento
que es compuesto, se advierte quando el cuello se vuelve
y se tuerce á un mismo tiempo, como quando la
oreja se inclina sobre un ambro, dirigiendo el rostro
ácia la misma parte ó á la otra,
encaminando la vista al Cielo.
CLXXXV. De la proporcion de los miembros humanos
Midase el Pintor á si mismo la proporcion de
sus miembros, y note el defecto que tenga, para tener
cuidado de no cometer el mismo error en las figuras
que componga por sí: porque suele ser vicio comun
en algunos gustar de hacer las cosas á su semejanza.
CLXXXVI. De los movimientos de los miembros
Todos los miembros del hombre deben exercer aquel oficio
para que fueron destinados; esto es, que en los muertos
á dormidos no debe representarse ningun miembro
con viveza ni despejo. Asi, pues, el pie se hará
siempre extendido, como que recibe en si todo el peso
del hombre, y nunca con los dedos separados, sino quando
se apoye sobre el talon.
CLXXXVII. De los movimientos de las partes del rostro
Los movimientos de las partes del rostro, causados
por los accidentes mentales, son muchos: los principales
son la risa, el llanto, el gritar, el cantar, ya sea
con voz grave o delgada, la admiracion, la ira, la alegría,
la melancolía, el espanto, el dolor, y otros
semejantes; de todos los quales se hará mencion,
pero primero de la risa y llanto, porque se semejan
mucho en la configuracion de la boca y mexillas, como
tambien en lo cerrado de los ojos; y solo se diferencian
en las cejas y su intervalo. Todo esto se dirá
en su lugar, y tambien la variedad que recibe el semblante,
las manos, y toda la persona por algunos accidentes,
cuya noticia es muy necesaria al Pintor, pues si no,
pintará verdaderamente dos veces muertas las
figuras. Y vuelvo á advertir que los movimientos
no han de ser tan desmesurados y extremados, que la
paz parezca batalla o junta de embriagados: y sobre
todo los circunstantes al caso de la historia que se
pinte, es menester que estén en acto de admiracion,
de reverencia, de dolor, de sospecha, de temor ó
de gozo, segun lo requieran las circunstancias con que
haya hecho aquel concurso de figuras; y tambien se procurará
no poner una historia sobre otra en una misma parte
con diversos orizontes, de modo que parezca una tienda
de géneros con sus navetas y caxones quadrados.
CLXXXVIII. Diferencias de los rostros
Las partes que constituyen la mediacion o cañon
de la nariz son de ocho modos diferentes: 1º son
igualmente rectas, igualmente cóncavas, ó
igualmente convexás: 2º desigualmente rectas,
cóncavas, o convexas: 3.º ó rectas
en la parte superior, y cóncavas en la inferior:
4º o en la parte inferior convexás, y cóncavas
en la superior: 5º concavas en la parte superior,
y en la inferior rectas: 6.º ó en la parte
inferior cóncavas, y convexas en la superior:
7.º ó arriba convexas, y debaxo rectas :
8.º ó arriba convexás, y debaxo cóncavas.
La union de la nariz con el entrecejo es de dos maneras:
ó cóncava ó recta. La frente varía
de tres modos: llana, cóncava o llena. La llana
puede ser convexá en la parte superior ó
en la inferior, o en ambas, y tambien llana generalmente.
CLXXXIX. Modo de conservar en la memoria y dibuxar
el perfil de un rostro, habiéndole visto solo
una vez
En éste caso es menester encomendar á
la memoria la diferencia de quatro miembros diversos,
como son la nariz, boca, barba y frente. En quanto á
la nariz puede ser de tres suertes: recta, cóncava
o convexa. Entre las rectas hay quatro clases: largas,
cortas, con el pico alto, ó con el pico baxo.
La nariz cóncava puede ser de tres géneros,
pues unas tienen la concavidad en la parte superior,
otras en la media, y otras en la inferior. La nariz
convexá puede tambien ser de otros tres géneros:
o en el medio, ó arriba ó abaxo. La parte
que divide las dos ventanas de la nariz (llamada columna)
puede igualmente ser recta, cóncava o convexa.
CXC. Modo de conservar en la memoria la forma o fisonomia
de un semblante
Para conservar con facilidad en la irnaginacion la
forrna de un rostro, es preciso ante todas cosas tener
en la memoria multitud de formas de boca, ojos, nariz,
barba, garganta, cuello y ombros, tomadas de varias
cabezas. La nariz mirada de perfil puede ser de diez
maneras diferentes derecha, curva, cóncava, con
el caballete en la parte superior ó en la inferior,
aguileña, roma, redonda o aguda. Mirada de frente
se divide en once clases diferentes: igual, gruesa en
el medio ó sutil, gruesa en la punta y sutil
en un principio, delgada en la punta y gruesa en el
principio, las ventanas anchas ó estrechas, altas
o baxas, muy descubiertas ó muy cerradas por
la punta; y de éste modo se hallarán otras
varias diferencias en las dernas partes, las quales
debe el Pintor copiar del natural, y conservarlas en
la mente. Tambien se puede, en caso de tener que hacer
un retrato de memoria, llevar consigo una libretilla
en donde estén dibuxadas todas estas facciones,
y despues de haber mirado el rostro que se ha de retratar,
se pasa la vista por la libreta para ver qué
nariz ó qué boca de las apuntadas se la
semeja; y poniendo una señal, se hace luego el
retrato en casa.
CXCI. De la belleza de un rostro
No se pinten jamas músculos definidos crudamente;
antes al contrario, desháganse insensible y suavemente
los claros agradables con sombras dulces; y de éste
modo resultará la gracia y la belleza.
CXCII. De la actitud
La hoyuela de la garganta viene á caer sobre
el pie, y echando adelante un brazo, sale de la linea
del pie: si se pone detras la una pierna, se avanza
la hoyuela; y de éste modo en qualquiera actitud
muda de puesto.
CXCIII. Del movimiento de los miembros que debe tener
la mayor propiedad
La figura cuyos movimientos no son acomodados á
los accidentes que representa su imaginacion en su semblante,
dará a entender que sus miembros no van acordes
con su discurso, y que vale muy poco el juicio de su
artifice. Por esto toda figura debe representar con
la mayor expresion y eficacia que el movimiento, en
que está pintada, no puede significar ninguna
otra cosa mas de aquel fin con que se hizo.
CXCIV. De los miembros del desnudo
Los miembros de una figura desnuda se han de expresar
mas ó menos, en quanto á la musculacion,
segun la mayor ó menor fatiga que executen; y
solo se deben descubrir aquellos miembros que trabajan
mas en el movimiento ó acto que se representa,
y el que tiene mayor accion se manifestará con
mas fuerza, quedando mas suave y mórbido el que
no trabaja.
CXCV. Del movimiento del hombre y demas animales quando
corren
Cuando el hombre se mueve, ya sea con velocidad ó
lentamente, la parte que está sobre la pierna
que vá sosteniendo el cuerpo, será mas
baxa que la otra.
CXCVI. En que caso está mas alta la una espaldilla
que la otra en las acciones del hombre
Quanto mas tardo sea el movimiento del hombre ó
animal, tanto mas se levantará alternativamente
la una espaldilla; y mucho menos, quanto mas veloz sea
el movimiento. Esto se prueba por la proposicion que
del movimiento local que dice: todo grave pesa por la
linea de su movimiento: por lo qual moviéndose
el todo de un cuerpo ácia algun parage, la parte
unida á él sigue la brevisima linea del
movimiento de su todo, sin comunicar peso alguno á
las partes laterales de él.
CXCVII. Objecion á la norma antecedente
Dirán acaso en quanto á lo primero, que
no es necesario que el hombre, que está á
pie firme ó que anda con lentitud, use continuamente
la dicha equiponderacion de los miembros sobre el centro
de gravedad que sostiene el peso del todo; porque muchas
veces no observa el hombre tal regla, antes bien hace
todo lo contrario: pues en varias ocasiones se dobla
lateralmente, afirmándose sobre un pie solo;
otras descarga parte del peso total sobre la pierna
que no está derecha, sino doblada la rodilla,
como demuestran las figuras B C. Pero á esto
se responde que lo que no hace la espaldilla en la figura
B, lo hace la cadera, como se demostró en su
lugar. Lamina IV
CXCVIII. La extension del brazo muda al todo del hombre
de su primer peso
El brazo extendido hace que recayga todo el peso de
la persona sobre el pie que la sustenta, como se ve
en los Volatines, quando andan en la maroma con los
brazos abiertos, sin mas contrapeso.
CIC. El hombre y algunos otros animales que se mueven
con lentitud tienen el centro de gravedad cercana al
centro de su sustentáculo
Todo animal que sea de tardo movimiento tendrá
el centro de las piernas, que son su sustentáculo,
próximo al perpendículo del centro de
gravedad; y al contrario, en siendo de movimiento veloz,
tendrá mas remoto el centro del sustentáculo
del de gravedad
CC. Del hombre que lleva un peso sobre la espalda
Siempre queda mas elevado el ombro en que estriva el
peso en qualquier hombre, que el que va libre, como
se puede ver en la figura, por la qual pasa la linea
central de todo el peso del hombre, y del peso que lleva:
y éste peso compuesto, si no fuese dividido igualmente
sobre el centro de la pierna en que estriva, se iría
abaxo necesariamente; pero la necesidad providencia
el que se eche á un lado tanta cantidad del peso
del hombre, como hay de peso accidental en el opuesto.
Esto no se puede hacer, á menos que el hombre
no se doble y se baxe de aquel lado en que no tiene
tanta carga de tal manera que llegue á participar
tambien del peso que lleva el otro: y de éste
modo se ha de elevar precisamente el ombro que va cargado,
y se ha de baxar el libre; cuyo medio es el que ha encontrado
en éste caso la artificiosa necesidad. Lámina
V.
CCI. Del peso natural del hombre sobre sus píes
Siempre que el hombre se mantenga en solo un pie, quedará
el total de su peso dividido en partes iguales sobre
el centro de gravedad que le sostiene. Lámina
VI.
CCII. Del hombre andando
Conforme va andando el hombre, pone su centro de gravedad
en el de la pierna que planta en el suelo. Lámina
VI
CCIII De la balanza que hace el peso de qualquier animal
inmóvil sobre sus piernas
La privacion de movimiento de qualquier animal plantado
en tierra nace de la igualdad que entonces tienen los
pesos opuestos, mantenidos sobre ellos mismos. Lámína
I.
CCIV. De los dobleces del cuerpo humano
Al doblarse el hombre por un lado, tanto disminuye
por él, como crece por el opuesto: de modo que
llega á ser la disminucion súbdupla de
la extension de la otra parte. Pero de esto se tratará
particularmente.
CCV. Sobre lo mismo
Quanto mas se extienda el un lado de un miembro de
los que pueden doblarse, tanto mas se disminuirá
el opuesto. La linea central extrínseca de los
lados que no se doblan en los miembros capaces de doblez,
nunca disminuye ni crece en su longitud.
CCVI. De la equ¡ponderacion
Siempre que una figura sostenga algun peso, saliéndose
de la linea central de su quantidad, es preciso que
ponga á la parte opuesta tanto peso accidental
ó natural, que baste á contrapesarlo,
o haga balanza al lado de la linea central que sale
del centro del pie en que estriva, y pasa por medio
del peso que insiste en dicho pie. Se ve muy frequentemente
á un hombre tomar un peso en un brazo, y levantar
el otro o apartarlo del cuerpo; y si esto no basta para
contrabalancear, añade á la misma parte
mas peso natural doblándose, hasta que es suficiente
para resistir al que ha tomado. Tambien se advierte,
quando vá á caerse un hombre de un lado,
que echa fuera el brazo opuesto inmediatamente.
CCVII. Del movimiento humano
Quando se vaya á pintar una figura moviendo
un peso quálquíera, debe consíderarse
que todos los movimientos se han de hacer por lineas
diversas; esto es de abaxo arriba con movimiento simple,
como quando un hombre se baxa para recibir en sí
un peso, que vá á levantarlo alzándose;
ó quando quiere arrastrar alguna cosa ácia
atras, o arrojarla ácia delante, ó tirar
de una cuerda que pasa por una poléa ó
carrucha. Adviértase que el peso del hombre en
éste caso tira tanto, como se aparta el centro
de su gravedad del de su apoyo; á lo que se añade
la fuerza que hacen las piernas y el espinazo quando
se enderezan.
CCVIII. Del movimiento causado por la destruccion de
la balanza
El movimiento causado por la destruccion de la balanza
es el de la desigualdad; porque ninguna cosa puede moverse
por sí, como no salga de su balanza; y tanto
mayor es su velocidad, quanto mas se aparta y se sale
de aquella.
CCIX. De la balanza de las figuras
la figura planta sobre un pie solo, el ombro del lado
que insiste debe estar mas baxo que el otro, y la hoyuela
de la garganta debe venir á caer sobre el centro
del pie en que estriva. Esto mismo se ha de verificar
en todos los lados por donde se vea la figura, estando
con los brazos no muy apartados del cuerpo y sin peso
alguno sobre la espalda ó en la mano, ni teniendo
la pierna que no planta puesta muy atras ó muy
adelante. Lamina VII.
Ver Tratado de pintura IV
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