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Canteras romanas:
Roma se abasteció de canteras muy cercanas.
Saliendo por la Puerta Esquilina y sin apartarse de
la Vía Collatina, a unos 10 Km. al Este de la
ciudad, en el área de Rubra, se encontraban las
canteras de levante que proporcionaban la "Piedra
Roja" piedra floja de color rosa que, aunque no
era buena para exteriores, fue la de mayor consumo en
la construcción. Río arriba, a unos 11
Km., al Norte de Roma y sobre el Tíber, se localizaba
la cantera de Fidenae que proporcionaba una toba volcánica,
no menos floja que la piedra Gabina, que constituía
un material ideal para rellenos de basamentos y para
el opus caementicium. El Piperino es una piedra semidura
de color verdoso que tiene la propiedad de ser muy blanda
a la salida de cantera y que, como todas las piedras,
endurece al poco tiempo. Esta piedra, que procedía
de Albano, ciudad situada a 20 km. de Roma, era muy
apreciada para la construcción. Otra piedra floja
era la Soractina que procedía de una cantera
emplazada a 35 Km. en el actual Monte de San Silvestre.
La toba Roja-Negra, de dureza relativa, precedía
de Umbría, Picentino y Venecia. Las piedras más
duras, aptas para las calzadas y poco utilizadas para
la construcción de edificios por su difícil
trabajabilidad, como el Pedernal se encontraban al sur
de la Ciudad, a 5 Km., sobre la Vía Apia.
Las más preciadas eran la piedras tarquinias,
las calizas y mármoles de la cantera Anciana,
localizada en Viterbo. Era la piedra para la escultura.
Se decía que sólo en ellas se podrían
labrar las hojas de acanto de los capiteles corintios
y que si esta cantera hubiese estado mas cerca, Roma
se habría construido, toda ella, de esta piedra.
Probablemente esto no ocurrió porque la Tiburtina
Blanca, que procedía de la inagotable cantera
de Tivoli (a 24 Km. De Roma), era ideal por su trabajabilidad.
Esta caliza era más fácil de cortar con
sierra, y aunque era bastante porosa y cavernosa, los
constructores romanos habían encontrado la forma
de tapar sus oquedades mediante estuco. De esta piedra
estaban construidos los puentes de la Ciudad y las obras
más importantes y bellas. El Teatro de Marcelo
y El Templo de la Fortuna Virile son dos de las muchas
obras que, en tiempo del Imperio, se levantaron luciendo
en sus sillerías la magnifica caliza Tiburtina.
( Departamento de Construcción Arquitectónica
| Escuela de Arquitectura de Las Palmas de Gran Canaria
)
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Ver mármoles de la antigua
Grecia
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