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( Viollet le Duc. Traducción del francés
y resúmen por Miguel Ramis)
Las molduras griegas y romanas se diseñan a
escala del edificio. En cambio las de la edad media
son independientes del edificio, es decir que un edificio
de 30 metros de altura puede tener las mismas molduras
que otro de solo 10 metros.
| Así, por ejemplo, el perfíl
del edificio A tendrá la misma altura que
el del edificio B, pero parecerá sobresalir
más y ser más grande que el B.
Esto lo consigue el arquitecto gracias al diseño
de las molduras, buscando efectos ópticos
con combinaciones de luces y sombras.
Los perfiles tienen dos razones para existir:
la primera es estructural, la segunda es artística.
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| Es evidente que un perfíl exterior de cornisa
está destinado a alejar las aguas pluviales
del edificio que recubre: que un perfíl de
una base no és más que el soporte
que proporciona apoyo a la parte inferior de un
muro o una pila. Pero no basta con esto, se neceista
que el ojo encuentre una expresión más
allá de su utilidad.
El perfíl de un capitel dórico griego está admirablemente
trazado para exprimir un soporte. El arquitecto
de la edad media solo puede reprocharle es que
el ábaco de dos de sus lados no soporta
nada.
Esta es la expresión rigurosa de necesidad
es la que es aplicada en la traza de sus perfiles.
Una vez resuelta este requerimiento, se busca
proporcionar una expresividad. Un error común
muy extendido es que un perfíl es bello
por si mismo. En realidad, los arquitectos de
los siglos XII y XIII darán a sus moldura
interiores la misma medida que la de de las moldura
exteriores, por dos razones:
1) Que las necesidades que deben satisfacer son
diferentes
2) Que el efecto producido por la luz directa
no puede ser jamás el mismo que el producido
por una luz difusa. Un perfil iluminado de arriba-abajo
por el sol o de abajo arriba por reflejo, se modifica
ante nuestros ojos: aqui es donde el arte, apoyado
por la observación, interviene.
Los perfiles más antíguos que encontramos
en los edificios primitivos de la edad media en
Francia consisten en un simple rebaje, un bisélado
(fig. 2) partiendo desde el muro o reposando sobre
las ménsulas. Pero se aprecia que
1º los perfiles no protegen a los paramentos
de las aguas pluviales
2º proporcionan poco efecto ya que... |
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...si el rayo solar esta por debajo de la linea
ab, toda la parte biselada cb estará hundida
en la sombra; si sigue la línea ab, la
parte cb queda pálida y sin relieve; si
el rayo solar está por debajode la línea
ab, el bisel cb está dentro de la luz y
se confunde con el listel dc.
Desde el comienzo del siglo XI se buscó
obtener más relieve o efecto colocando
un grano de cebada ( grain d'orge) E por encima
del bisel (fig. 3).
Así, cuando el rayo solar esté
dentro de la prolongación del bisel o incluso
por encima, se obtiene un filete luminoso entre
el listel y el bisel, luego, para evitar las aguas
pluviales, se tallará una mochete G por
debajo del bisel.
El bisel se encuentra así entre dos granos
de cebada más o menos profundo, que hacen
resaltar la coloración oscura que habitualmente
se concentra en los planos inclinados y dan un
relieve al perfíl.
De ahí a tallar lígeramente el
bisel en forma de caveto, no hay más que
un paso, pero el resultado obtenido es considerable.
En efecto, (fig. 4), suponiendo que el rayo solar
sigue la dirección de las líneas
discontínuas, se obtiene
una sombra viva por encima del listel superior,
más una luz A; por debajo de esta línea
luminosa, una sombra reflectada B , dulce por
consiguiente
; seguida de una línea luminosa C ligeramente
velada por una coloración oscura, seguida
de la sombra D.
Por alto que esté el sol, la linea luminosa
siempre aparece, y el gran caveto está
al menos modelado por un reflejo, en caso de que
no llegue luz a esta parte inferior.
Por bajo que esté el sol, habrá
siempre un filete de sombra por encima de A y
una semisombra en b.
Con este procedimiento, con una proyección
moderada respecto al muro, el tracista obtiene
un efecto de relieve más grande que en
el ejemplo precedente.
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Pero estos grandes cavetos adornan poco; entonces
se divide el panel en varias secciones, como se
vé en la figura 5 dando el perfil de los
ábacos de los capiteles del porche de la
iglesia de Créteil cerca de Paris (segunda
mitad del siglo XI).
Reuniendo las molduras en el biselado, la luz
produce una sucesión de sombras, de penumbras
y de claros que dan a este perfíl plano
un valor mayor del que tiene en realidad.
Los arquitectos del siglo XII, debido a su sistema
constructivo y a los materiales disponibles querían
evitar los bloques grandes,por lo que sus impostas
exteriores tenían solo un pequeño
vuelo, que era compensado por estas ingeniosas
trazas.
Cuando se analiza estos edificios, no se puede
creer que estos efectos tan vivos se hayan podido
obtener con perfiles de tan poca profundidad.
Los perfiles del claustro viejo de la catedral
de Chartres, por ejemplo, por mucho que formen
parte de un monumento colosal, tienen apenas vuelo,
pero son visibles desde lejos, y cumplen su cometido
de un modo totalmente satisfactorio.
Pero los perfiles de esta época raramenta
eran trazados para rechazar las aguas pluviales;
los artistas parecen más preocupados del
efecto arquitectónico, de la repartición
de claros y sombras. Se observa tambien que sobre
una superficie, una sucesión de sombras
proporciona una importancia que obliga a fijar
la mirada. Es una manera de insistir sobre una
forma.
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Los arquitectos de mediados del s-XII fueron
ciertamente los más habiles tracistas de
perfiles a partir de perfiles de poco vuelo.
Adoptaron,si se puede definir así, una
acentuación. En las palabras de una lengua,
el acento se pone subre una sílaba. Si
la palabra se compone de 2 sílabas en grancés,
salvo raras ocasiones, es sobre la primera: si
se trata de 3 sílabas, sobre la primera
o la segunda.; Si se trata de 4 sílabas,
sobre la penúltima o antepenúltima.
Pues bien, en la traza de perfiles del último
románico, la acentuación se marca
siempre. Un perfil se convierte así en
una palabra, en lugar de estar compuesto de silabas,
se compone de partes distintas y su acentuación
está reglada.
Pero el principio de un perfil está relacionado
con su posición: si el perfíl es
una base o zócalo, su principio es en la
parte superior; si el perfil es una imposta o
una cornisa, se empieza por la parte inferior,
la que nace del muro.
Así (fig. 6), vemos en A y B dos perfiles
de base 1 compuestos respectivamente de 3 partes;
el acento está sobre la segunda, y está
marcado por la sombra viva que se proyecta sobre
la escocia, que en el caso del perfil A, resalta
más al estar la escocia acanalada.
En C y en D se trazan dos perfiles de imposta
y ábacos2; la primera parte está
en la parte inferior, y el acento en estos 2 perfiles
compuestos, uno de tres partes, el otro de dos,
es sobre el primera parte, indicado por la sombra
viva proyectada en B.
En el ejemplo de la fig.5, el perfíl (
nosotros diríamos la palabra) no está
todavía formada, la acentuación
es vaga.
En la formación de palabras, en francés
se procede habitualmente por contracción,
manteniendo siempre la sílaba que lleva
el acento. De dominus deriva dom, de vice-dominus,
vidam, de dominiarium, donger, dangier y danger;
de vasseletus, vaslet, varlet; de consobrinus,
cousin; de palus, peu, puis pieu(...) etc.
Es interesante destacar que los maestros de la
edad media han procedido del mismo modo por contracción,
conservando siempre la parte acentuada y eliminando
la mayor parte de las otras.
Volvámos a los ejemplos de la fig 6. Vemos
que los perfiles de base han conservado el toro
superior de la base romana, que han acentuado
vivamente la escocia, y que han debilitado el
toro inferior reduciendo su relieve. La acentuación
del perfíl románo estaba tambien
sobre la escocia.
Si, mirando el perfil D, lo comparamos con un
perfíl análogo romano E de banda
o imposta, vemos que en el romano la parte acentiada
es E, el maestro de la edad media, en el perfíl
D, suprime la parte F, acentúa igualmente
en E , y reduce considablemente la parte G.
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Las molduras romanas, fundamentalmente decorativas,
son transformadas por contracción por los
arquitectos que trazan los perfiles desde el s.XII
al final del XIII.
Asi, vemos un ejemplo (fig. 10) latraza de una
moldura A frecuentemente utilizada en los edificios
de mediados del s.XII, como la Iglesia de Saint-Denis,
la catedral de Noyon, la iglesia de Saint-Martin
de Laon, etc.
El perfil A, tomado en un recuadro ABC, se compone
de una inclinación AE, de un grano de cebada
f, un gran caveto g, un toro y de un rebaje h.
La acentuación está en el toro
con su caveto. Observemos que el perfíl
no está bien diseñado para evacuarlas
aguas de E a C, el arquitecto de principios del
XIII, aún manteniendo los mismos relieves
, traza el perfil B.
Este aumenta sensiblemente la inclinación
superior, el retorno de la escuadra, cruzado en
L por una media caña pronunciada para rechazar
las águas pluviales, y contráe el
perfil inferior.
Algo más tarde, el arquitecto aumenta
todavía más la inclinación,
mantiene la media caña (ver. la traza D),
y contráe delante la moldura inferior dejándole
únicamente su acentuación, el toro
m.
Hacia el final de s. XIII, El tracista aumentará
todavía la inclinación ( ver la
traza E) conservando únicamente una media
caña que se confundirá con el antíguo
caveto g.
Del toro m no subsistirá más que
el listel o.
Así, de un perfíl romano se deriva
un arte extranjero, el arquitecto gótico,
por una serie de deducciones lógicas, habrá
obtenido una sección muy distinta de aquella
que le había servido de punto de partida.
Al aumentar poco a poco la inclinación
de la parte superior del perfíl, terminando
esta inclinación con un gotero fuertemente
inclinado , contrayendo hasta el punto de suprimir
casi completamente la moldura inferior, el tracista
del s. XIII ha transformado una moldura que no
tenía más que un significado decorativo
en un elemento útil, un medio de alejar
las aguas de escorrentía del muro, sin
tener que sacrificar el efecto sobre una superficie
horizontal o incluso sobre una inclinación
poco pronunciada.
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| Prenons ces larmiers qui, extérieurement,
remplacent la corniche antique, et qui couronnent
toutes les ordonnances de nos édifices du
commencement du XIIIe siècle. Ces larmiers,
dont la figure 11 donne un des premiers types, sont
tracés suivant certains angles. S'ils sont
très-inclinés, l'angle de pente a
60º (fig. 12, en A), qui est l'inclinaison
d'un côté d'un triangle équilatéral
(n'oublions pas ce point). Le carré de la
mouchette a, se retournant à angle droit,
donne un angle de 30º avec l'horizon. La face
cd de la mouchette étant déterminée
en raison de la résistance de la pierre et
de l'effet qu'on veut obtenir. Ces faces étant
d'autant plus larges que le larmier est placé
plus haut, on a pris les deux tiers de cette face,
lesquels, répartis sur la ligne cd prolongée
en b, donnent le rayon fd: la mouchette est ainsi
tracée. Du point f élevant une verticale,
du point d traçant une horizontale, du point
f une ligne à 45º avec l'horizon, on
a obtenu le point e, centre d'un cercle dont le
rayon est eg. Du point e, traçant une ligne
eh, suivant un angle de 60º, on obtient sur
la ligne db le centre h d'un cercle dont hi est
le rayon. Du point h, traçant une ligne horizontale,
et du point k, arête inférieure du
profil, élevant une ligne à 30º
au-dessus de l'horizon, on obtient le point l, centre
d'un cercle dont lm est le rayon. Ainsi le profil
du larmier est-il tracé, inscrit dans l'épannelage
cok.
Si le larmier doit être moins incliné,
sa pente est donnée par une ligne suivant
un angle de 45º (voy. le tracé B); la
face cd de la mouchette est par conséquent
inclinée à 45º. Prenant les deux
tiers de cette face comme précédemment,
et reportant cette longueur sur le prolongement
de la ligne cd, on obtient le point f. De ce point,
élevant une ligne à 45º, une
verticale fp; de la rencontre de cette verticale
avec l'arc de cercle mouchette dp, tirant une ligne
ps à 45º, on obtient le point s, centre
du cercle dont le rayon est st. De ce point t abaissant
une ligne à 45º et du centre s une ligne
à 60º, on obtient le point de rencontre
v, centre d'un cercle dont vq est le rayon. Du centre
v, tirant une ligne horizontale, abaissant une verticale
jusqu'à la ligne cd prolongée, on
obtient x. De ce point x, traçant une ligne
à 30º au-dessus de l'horizon, on obtient
par la rencontre de cette ligne avec l'horizontale
le point y, centre d'un cercle dont le rayon est
yn, le congé z est un quart de cercle dont
le centre est en u.
Si le larmier doit encore être moins incliné,
sa pente est donnée par une ligne suivant
un angle de 30º (voy. le tracé D).
La face cd de la mouchette est par conséquent
inclinée suivant un angle de 60º.
Du point d, tirant une horizontale, prenant sur
le prolongement de la ligne cd le tiers de la
face de la mouchette, on obtient le point f. De
ce point, élevant une ligne à 30º,
perpendiculaire par conséquent à
la ligne cf, la rencontre de cette ligne avec
l'horizontale donne le point g, centre d'un cercle
dont gh est le rayon. Du centre g, abaissant une
ligne à 60º, et du point tangent o
une verticale, on obtient le point de rencontre
p, centre d'un cercle dont pq est le rayon. Du
centre p, tirant une ligne horizontale, on y place
le centre s du dernier cercle, dont le diamètre
est plus ou moins grand, suivant que l'on veut
obtenir le congé extrême plus ou
moins prononcé. Dans ces larmiers peu inclinés,
la mouchette n'est pas habituellement tracée
au moyen d'un arc de cercle, par la raison que
ce tracé (tel qu'il est indiqué
en C) ne donnerait pas un angle assez prononcé
pour assurer l'écoulement brusque de la
goutte d'eau.
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| Dans ces trois exemples on observera que le profil
le plus saillant est celui du larmier dont la pente
a la plus forte inclinaison: c'est qu'en effet ces
larmiers sont ceux qui, placés à la
base de grands combles, doivent porter un large
chéneau et même parfois une balustrade.
La pente prononcée du larmier prend ainsi
peu de place. Dans le second exemple, la corniche
est faite pour ne laisser au-dessus d'elle qu'un
passage étroit; aussi la pente du larmier
prend de la place et le profil est moins saillant.
Dans le troisième, la pente du larmier va
rejoindre un nu supérieur, et se rapproche
de l'horizontale pour ne pas donner une pente trop
longue. Tels sont tracés, par exemple, les
larmiers des corniches de l'ordonnance inférieure
de l'abside de Notre-Dame de Reims, qui vont se
marier au nu des contreforts supérieurs.
Mais ces trois larmiers surmontent une frise
feuillue, comme autour du chœur et de la
grande nef de Notre-Dame de Paris. Si les larmiers
ne forment que de simples bandeaux entre deux
nus, s'ils ne remplissent pas la fonction de couronnements,
s'ils ne surmontent pas une frise, ils portent
moins de saillie et sont généralement
très-inclinés, variant entre 50º
et 70º (voy. même fig. 12). Celui donné
en G est tracé par la méthode suivante:
les centres des cercles sont posés sur
les lignes horizontales tirées de l'arête
a et de celle b, et obtenus au moyen de lignes
parallèles à la pente et verticales.
Si le bandeau-larmier a moins de saillie encore,
comme celui H, sa mouchette n'est qu'un demi-cercle
dont le centre est posé sur le prolongement
de la face inférieure du larmier. Parfois
aussi, comme dans l'exemple donné en P,
le profil du larmier se compose d'un cavet et
d'un tore. Ou le cavet se marie avec le tore,
ou le centre de ce cavet est reculé en
a, de façon à donner un ressaut
en g qui détache le tore. Alors, comme
on le voit en i, une portion de cercle marie les
deux courbes
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Ver boet
Ver molduras II
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