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(www.arquitectura-tecnica.org/ARTICULO15.htm)
Causalidades
En los tapiales consolidados por el transcurso de décadas
desde su ejecución, es posible determinar el
grado óptimo de humedad mediante la realización
del ensayo de Proctor normalizado, lo que teóricamente
permitirá verificar posteriormente la compactación
de los nuevos cajones que se ejecuten. Sin embargo,
la aplicación de esta técnica sólo
es posible cuando se efectúe el recrecido de
las obras, y no la sustitución o recuperación
volumétrica de cajones intermedios.
En la tesis doctoral desarrollada por la arquitecto
venezolana Melín Nava Hung se analizan estos
comportamientos, en función de los contenidos
en arcilla o arena, así como el relativo a las
fábricas realizadas o tratadas superficialmente
con aditivos hidrorepelentes. Mayor profundidad alcanza
la investigación realizada en el Centro Navapalos
por la fundación Inter-Acción bajo la
coordinación de Erhard Rohmer, cuyos resultados
sobre la erosión hídrica sobre muros de
tapial construidos con diferentes aditivos aporta importantes
conclusiones, destacando que los mejores resultados
se obtienen ejecutando tapia real, o calicostrando el
cajón, en tanto la adición de pinturas
o productos comerciales, consolidantes o hidrofugantes,
aumenta el deterioro de la fábrica frente al
agua de lluvia. Asímismo abre una vía
de investigación sobre la idoneidad de adicionar
azufre y parafina a los cajones, lo que requiere mayores
estudios para evaluar su comportamiento a medio y largo
plazo.
Ensayo de erosión hídrica sobre muros
de tapial con aditivos. Navapalos (Soria)
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Los principales agentes que causan las lesiones
son el agua (juntas), la temperatura y el viento.
El agua afecta fundamentalmente a la parte inferior
de la fábrica, a su coronación,
que no suele estar protegida y a las zonas de
las juntas. La ascensión del agua por capilaridad
es muy baja en la tapia endurecida, no sobrepasando
nunca valores aproximados de 40 cm., siendo menor
cuanto mayor sea la porosidad de la fábrica.
Sin embargo, es más sensible al salpiqueo
del agua y a los ciclos hielo-deshielo en zonas
de climas fríos y húmedos.
Resistencia
La resistencia de las construcciones de tierra
disminuye progresivamente a medida que aumenta
la humedad relativa en el interior de sus fábricas.
Además se produce simultáneamente
la pudrición de los elementos leñosos
que apoyan o están embebidos en las fábricas
de adobe y tapial, lesionando los forjados y produciendo
oquedades y el cedimiento interno en los cajones,
que pueden acabar arruinando la construcción.
El arrastre de sales higroscópicas de
los morteros del zócalo de apoyo, o existentes
en la propia tierra, en la zona inferior de las
tapias, puede provocar la aparición de
eflorescencias en la superficie, produciendo pérdida
del material en el plano exterior o el abolsamiento
y posterior caída del revestimiento exterior
de protección.
Lesiones por humedad en fábricas de tapial.
Mezquita de Córdoba
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Las fábricas de tierra resisten muy
bien las temperaturas altas o bajas, pero son
sensibles a las variaciones bruscas o a gradientes
elevados, cuando se produce una elevada temperatura
a mediodía y desciende de forma importante
por la noche, superando el coeficiente de dilatación
del material, entre la superficie exterior expuesta
y la temperatura interna del material, casi constante
por su gran espesor, pudiendo producir fisuración
en el exterior, que no se aprecia en la otra cara
de la fábrica si está protegida.
Debido a la escasa resistencia al cizallamiento,
que se comentaba anteriormente, en el caso de
que se produzcan esfuerzos diferenciales por cedimiento,
asentamiento o deslizamiento, las fábricas
de adobe se abren, de forma similar a las de ladrillo,
pero con efectos más contundentes, y los
cajones de tapial pueden fisurarse fácilmente,
especialmente en las zonas de cambio de material,
de espesor, o en la proximidad de esquinas y refuerzos.
Por ello es usual encontrar fábricas antiguas
de tapial en las que la trabazón de las
esquinas queda asegurada por tirantes en diagonal
de madera, que abarcan el espesor completo de
los muros.
Grietas verticales
Estas grietas verticales, con frecuencia presentan
espesores considerables, lo que debe estudiarse
en función del material, no siendo trasladable
a casos similares en fábricas pétreas
o cerámicas. En definitiva, estas fisuras
son más aparatosas que peligrosas, aún
cuando deben realizarse todas las verificaciones
precisas.
El sellado de las grietas y fisuras dependerá
de su ubicación y de su grosor, siendo
habitual que estén estabilizadas, lo que
en todo caso habrá de comprobarse, y que
rompan el espesor total del adobe o tapial. En
general puede utilizarse el mortero de cal y arena(1/3),
con adición de un 5 a 8% de yeso, y una
pequeña proporción de puzolana o
árido procedente de la trituración
de tejas o ladrillos de tejar. En la parte externa,
si las grietas son importantes, puede emplearse
fábrica de ladrillo siempre que el número
de hiladas, o la altura de la reparación,
no sea elevada, no superando el equivalente a
dos hiladas de tapial. Esta solución puede
utilizarse también en reparaciones de cajones
en esquina, aunque siempre es aconsejable reparar
recuperando el cajón tradicional.
Fisuración vertical de las fábricas.
Alcazaba de la Alhambra Granada
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Reparación
La composición ideal para reparar cajones
de tapial es mezclar un 10% de grava o garrofo,
un 40% de arena, un 25% de limo y un 20% de arcilla.
El 5% restante debe ser de cal, si es de tierra
estabilizada o está calicostrado, o de
fibra vegetal y teja triturada si es un cajón
apisonado y no revestido. El agua de amasado debe
ser la suficiente, pero nunca excesiva, con una
humedad óptima por debajo del 10%.
La arena debe ser de río, estar muy bien
lavada, y la grava o garrofo debe ser de reducido
tamaño, no superior a 20 mm., que permita
un amasado perfecto por el fuerte golpeo con el
almez. Será esta compactación la
que proporcionará las características
resistentes al tapial.
Ocasionalmente, en algunas zonas se adiciona
excremento de caballerías o de vaca, como
aglutinante para mejorar la cohesión de
las mezclas. Su uso, no obstante, es más
frecuente en los revocos y revestimientos. En
América, esta función se confía
al guano, especialmente en los países del
Cono Sur, en los que abundaban las aves guaneras.
Cuando la pérdida de material es relativamente
importante, es posible recuperar la volumetría
original de los cajones de tapial, cepillando
y limpiando previamente el fondo del cajón,
y rellenando a una sola cara el volumen desaparecido
con una mezcla similar a la existente, algo más
porosa por una corrección de arena y gravilla
sobre el material precedente. Este relleno se
realiza por tongadas similares, dejando la última
o las dos de coronación, que no pueden
encofrarse, y rellenándolas con una mezcla
más plástica, que se compacta horizontalmente
mediante repretado con fratás.
Para asegurar la adherencia de este relleno con
el cajón original se han utilizado mallas
metálicas, con malos resultados, apareciendo
generalmente fisuras al cabo de 5 a 10 años.
La utilización de mallas de fibra de vidrio
o polietileno mejora la adherencia, pero no resuelve
definitivamente el problema.
Resulta más aconsejable la solución
utilizada en Aragón, colocando al tresbolillo
algunos trozos de ladrillos o piezas cerámicas
perpendiculares al paramento, aprovechando las
juntas de las sucesivas tongadas. Estas piezas
penetran en el tapial existente, quedando su cara
exterior como mínimo a 4 cm. de la superficie
final del paramento. Los ladrillos conforman elementos
de enlace entre el nuevo material y el antiguo,
y amortiguan los asentamientos diferenciales en
el interior del cajón, actuando como verdugadas
alternas de ladrillo. Soluciones similares pueden
realizarse con elmentos de madera, generalmente
pequeños rollizos, que deben ser previamente
protegidas frente al ataque de la humedad del
cajón de tapial, mediante un tratamiento
con creosotas, al tratarse de un elemento que
quedará embebido en el cajón. Para
mejorar la adherencia a la fábrica antigua
y al nuevo material se recomienda entomizar la
madera, como en la construcción tradicional
de entramados, o envolverla en una venda de propileno
o tela metálica galvanizada.
Recuperación de la volumetría del
cajón de tapial (A. Naval)
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Cuando debe intervenirse en fábricas de gran
espesor, como las murallas y recintos fortificados,
con al menos dos hojas de tapial y relleno interior,
es conveniente asegurar la estabilidad de las fábricas
exteriores, dotando al conjunto de llaves de unión
que evite problemas de pandeo o de giro. Esta actuación
ha de evitar la introducción de una excesiva
rigidez, que implique coeficientes de dilatación
muy diferenciados de los del tapial, dado que produciría
la fisuración y rotura de los cajones.
Resulta por ello contraindicado el zunchado continuo
con elementos metálicos o de hormigón
armado, por introducir una rigidez excesiva frente al
mayor coeficiente de dilatación de estas fábricas,
recurriendo preferentemente al atado mediante llaves
o, en casos extremos, ejecutar una protección
superior ligeramente armada, evitando elementos de gran
brazo mecánico, y utilizando un mortero bastardo
o un hormigón de baja dosificación en
cemento.
Cedimiento
En el caso de existir lesiones debidas a cedimiento
del terreno o de la cimentación, aplastamiento
de materiales o pandeo, con la aparición de grietas
verticales en paños de gran altura o esbeltez,
que requieran la ejecución de refuerzos estructurales
mediante una solución que ate o zunche los paramentos,
deberá ejecutarse éste a diferentes alturas,
y sin introducir excesiva rigidez en el conjunto.
Una solución adecuada consiste en realizar,
en una o varias líneas horizontales de cajones
de tapial no consecutivas, una inyección de lechada
de mortero bastardo, en la dosificación adecuada
a cada tipología constructiva de la fábrica.
Como referencia, puede considerarse una dosificación
de 1/2/5 (cemento/cal/arena). Esta lechada se introduce
a través de una serie de perforaciones en los
cajones, con una inclinación de aproximadamente
20º y en una profundidad de 2/3 de la anchura del
cajón. Es conveniente verificar el comportamiento
de este refuerzo perimetral, tanto por la introducción,
aunque minoritaria, del cemento en la lechada, como
por el exceso de agua que se introduce en el interior
de la tapia, que debiera evaporarse lentamente para
no debilitar las juntas internas ni expandir las arcillas
que pudieran contenerse en el tapial.
La protección superior de las fábricas,
mediante aleros, si tiene cubierta, o albardillas que
deriven el agua hacia la superficie exterior, reviste
una importancia capital, para evitar la filtración
de agua entre las juntas, que dañará la
zona más débil de las fábricas
y la parte superior central de los cajones situados
bajo las juntas de la línea superior.
Asimismo, se debe controlar el ascenso capilar en la
base, especialmente acusado cuando existe diferencia
de nivel entre el interior y el exterior de la construcción.
Para ello es necesario reponer siempre el zócalo
de piedra existente; si la base es de mampostería
se debe recuperar el rejuntado con mortero de cal.
La protección exterior de los muros de tapia
era mejorada tradicionalmente con revestimientos superficiales
a base de calicostrados o la aplicación de una
fina capa de mortero de arcilla y paja.
La pérdida parcial o total de protección
obliga a la reparación del revestimiento, siguiendo
las técnicas tradicionales de reparación
de revocos. Deben aplicarse capas sucesivamente más
porosas y menos ricas en aglomerante (cal), tendiéndolas
con fratás, previo humedecimiento de la fábrica.
Debe aplicarse con temperaturas medias (de 10 a 30ºC),
dejando las superficies rugosas para asegurar la adherencia
de las sucesivas capas, salvo la última, en la
que se utiliza arena muy fina (tamiz 0,35 o 0,8).
Rehabilitación del Palacio de Toral de los Guzmanes
(León)
Adherencia
Para mejorar la adherencia con el soporte se han utilizado
telas de gallinero, o trenzados de hilos metálicos
fijados con clavos, no siendo un método aconsejable,
como tampoco lo es sustituir las redes galvanizadas
por mallas de fibra o de materias plásticas.
La solución ideal es picar regularmente el paramento
si es posible o aconsejable, en función de la
posible importancia de las fábricas. En caso
de que esto no sea factible, aplicar una mano de agua
de flor de cal sobre el paramento limpio y cuando esté
prácticamente seca, aplicar la primera capa del
revoco. Este agua de flor de cal es el que cubre las
fosas de apagado de la cal, y que es periódicamente
decantada de estos silos.
Siendo el agua el principal agente que causa lesiones
en el tapial, tradicionalmente se han realizado intentos
para su hidrofugación. Además, de las
costras de cal y los revocos ya estudiados, actualmente
se utilizan algunos tratamientos cuyo resultado real
en obra está aún poco analizado, dado
el breve tiempo transcurrido desde su aplicación.
No obstante, y con la debida precaución que
debe presidir la intervención en fábricas
antiguas de arquitectura de tierra, manteniendo el principio
de que el tratamiento pueda ser reversible, eliminándolo
si se demuestra incorrecto, sin dañar las fábricas
de adobe y tapial, se utilizan con buenos resultados
las imprimaciones con siloxanos, como en la hidrofugación
de la piedra.
En algunas restauraciones se ha utilizado el acetato
de polivinilo, que tiene buenas condiciones de adherencia,
pero los resultados han venido a demostrar que dificulta
la transpiración de los muros, dañando
las superficies tratadas, especialmente si existen sales
higroscópicas.
El silicato de etilo, profusamente utilizado durante
la década de los años 70 para la consolidación
e hidrofugación de monumentos en tierra, ha resultado
fatal para esta arquitectura, causando la pérdida
de varios centímetros de su espesor, y siendo
prácticamente imposible su eliminación
dado su poder de penetración. La ciudad chimú
de Chan Chan en Perú ha perdido sus bajorrelieves
de barro pintado y más de 12 cm. de espesor en
muchos de sus lienzos por este tratamiento que intentaba
proteger el conjunto monumental de la agresión
de las sales marinas.
Acabado
Otra práctica de uso creciente, y de dudoso
efecto a medio y largo plazo, consiste en utilizar aceites
desencofrantes en las tapialeras para asegurar un mejor
acabado superficial al retirarlas, una vez realizado
el correspondiente cajón. Esta solución
se concreta en muchas ocasiones mediante la utilización
de una mezcla de aceite quemado de automóviles
o camiones diluido con gasóleo, como se ha efectuado,
entre otras, en la restauración del castillo
de Alcácer do Sal en Portugal.
Si se desea colorear el revestimiento, sólo
cabe aplicar manos de cal muy diluida en el agua de
cal que la recubre en los silos de apagado, o pinturas
al silicato, siendo en todo caso recomendable adicionar
el color en la masa del revoco, mediante pigmentos minerales
inorgánicos, resistentes a los álcalis
y a los rayos ultravioletas. También resulta
adecuada la adición de una parte de cola blanca
de carpintero a seis partes de agua y tres de cal apagada,
para formar una costra de protección duradera
y de fácil reposición.
Algunos autores (Ignacio Gárate, María
Jesús Guinea, Fernando Dorrego, etc.) recomiendan
el uso de determinados protectores superficiales, como
almagre, ceras y resinas naturales, jugo de plátano,
látex de cactus, etc.
Si es necesario abrir nuevos huecos en construcciones
de tapial, debe tenerse en cuenta el efecto arco que
se produce en la transmisión de esfuerzos de
verticales de compresión, llamados ‘de
descarga’, sobre el dintel, de forma que los descensos
de cargas se desvían al resto de la fábrica,
salvo la zona incluida en un triángulo isósceles
ideal, cuya base coincide con el dintel del hueco y
sus otros lados forman un ángulo de 60º
con ésta. Nunca deben abrirse en la proximidad
de las esquinas, siendo aconsejable que la distancia
al borde o esquina sea, como mínimo 1,5 veces
superior a la anchura del hueco. Las aperturas no deben
ser excesivas; si se abren nuevos huecos deben disponerse
elementos de madera en el dintel. En el caso de abrir
nuevas puertas o huecos de gran dimensión, se
deben ejecutar brencas de mampostería o de ladrillo
de tejar en las jambas.
Algunas restauraciones
En algunas restauraciones recientes realizadas en Europa,
principalmente en Francia y España, se está
aumentando el tamaño máximo del árido
o adicionando cemento portland o blanco a la mezcla
constitutiva de los tapiales, en sustitución
de la cal, buscando un endurecimiento y fraguado más
rápido y, en ocasiones, obtener elementos más
resistentes a compresión para la transmisión
de los esfuerzos de nuevos forjados de hormigón.
También se ha experimentado con la utilización
de medios mecánicos para homogeneizar las mezclas
o para la compactación de las tierras en la puesta
en obra, mejorando los rendimientos y abaratando el
coste de la mano de obra.
Soluciones
En esta línea de investigación y aportación
de soluciones se enmarcan los trabajos del equipo dirigido
por Pilar de Luxán en Sillasa (Murcia), las diversas
intervenciones que se realizan en el patrimonio arquitectónico
de Alcalá de Henares, la restauración
de Eloy Algorri y Mariano Vázquez en el Palacio
de Toral de los Guzmanes (León), o la rehabilitación-reconstrucción
del castillo de Bétera, que ha culminado Francisco
Jurado, cuyos resultados deberán ser estudiados
próximamente. En muchas ocasiones, ante la incertidumbre
que podían plantear algunos métodos de
consolidación exterior, se ha optado por seguir
criterios de intervenciones próximos a las teorías
de Restauro Moderno o de algunas Cartas de Restauración,
utilizando materiales cerámicos en la recuperación
formal de los cajones, con resultados dispares.
La rehabilitación, la restauración y,
cuando sea necesario, la reconstrucción de la
arquitectura de tierra, especialmente de las fábricas
de tapia o tapial, es una técnica asequible,
tecnológicamente sencilla, y con posibilidades
de mejorar su proceso de ejecucion y mecanización
de la puesta en obra. Mejoras que sería necesario
complementar con la redacción de un código
técnico básico que, recogiendo el actual
estado de las investigaciones, y los resultados de las
intervenciones realizadas con criterios muy dispares
y en áreas geograficas diferenciadas, establezca
un marco de recomendaciones suficientemente contrastadas
y consensuadas.
Este esfuerzo no debe, en ningún caso, distraer
el objetivo prioritario de continuar los estudios históricos
y la investigación técnica, que permita
la restauración y rehabilitación del patrimonio
construido en tierra, de acuerdo con sus técnicas
y sistemas constructivos, y mantener las labores para
recuperar los oficios tradicionales vinculados a la
arquitectura del barro.
Impedir la degradación
La acción de las Administraciones y de los organismos
internacionales con responsabilidad sobre la conservación
y puesta en valor del patrimonio arquitectónico
y cultural, debe encaminarse a impedir la actual degradación
de este patrimonio construido, evitando así que
la tierra que conforma sus fábricas vuelva a
la Tierra de la que partió.
Ver Reparación de tapial
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